Hipatia – Relato corto

El bólido refulgió desgarrando el cielo nocturno en un momento en el que nadie en la Tierra miraba. Y aunque un solo ser humano hubiera, accidentalmente tal vez, elevado la vista, las burbujas de polución que sitiaban las ciudades cumplían con diligencia su cometido de ocultar las estrellas.

Pero Hipatia no se encontraba cerca de ninguna ciudad.

Interrumpió sus quehaceres al advertir a través del vidrio roto de una claraboya cómo las perseidas inauguraban su espectáculo anual. Puntuales, como cada verano, chispeaban al penetrar en la atmósfera con una intensidad tan solo comparable a la de 1993, un año después de la última visita del cometa Swift-Tuttle, hacía más de un siglo. Pronto regresaría.

Si de ella dependiera, hubiera permanecido horas admirando esa maravilla, pero el trabajo se acumulaba en el observatorio. El de mantenimiento. El científico hacía décadas que no se realizaba allí sino de forma remota desde las universidades, aunque aún trabajaba en la instalación un reducido equipo de personal permanente. Repasó de memoria su lista de tareas y se fijó de nuevo en la claraboya; no podría repararla hasta que llegara una nueva pieza. Pasó a la siguiente faena: revisión de la maquinaria del telescopio principal. Eso tenía que hacerlo desde la sala de control.

—Buenas noches, doctora Herschel —saludó.

De un tiempo a esta parte, la doctora Herschel se comportaba de forma arisca e intratable. Pasaba las horas de guardia frente a una pantalla de televisión encendida y sin volumen. No la culpaba, con todos los procesos de recolección y procesamiento de datos automatizados poco más podía hacer; seguramente estaría contando los días que le faltaban para su jubilación. Hipatia no le hacía demasiado caso al aparato pero tampoco le molestaba; era como si las imágenes en movimiento le ayudaran a romper con la quietud y el silencio asépticos que imperaban casi siempre en la instalación.

[… granizan rocas de fuego… como balones… reportera … al suelo … meteoro fulmina el parabrisas… detrás advierten … no salgan de sus casas… ]

Se sentó frente a una consola y tecleó los comandos que ejecutaban el software de análisis. Tardaba nueve minutos y cuarenta y dos segundos en realizar todas las comprobaciones. Quedó hipnotizada por las líneas de código que desfilaban a toda velocidad por la pantalla y las barras de progreso que vibraban, alargándose y acortándose, a su son.

El resultado del análisis fue el de siempre. Se habían averiado: un magnetómetro, el espectrómetro de infrarrojos, dos giroscopios… y se había fracturado un nuevo panel del espejo principal. Ya iban cuatro. Lo añadió al pedido de material.

—Que pase buena guardia, doctora Herschel —se despidió sin esperar una respuesta.

[multitud hu yye… direcciones … sin rum bo… a pie o… atro pe llanm ujeres, h ombres, ni ños, A dul tosarrrrrrrrasTran piel]

El observatorio tenía varias dependencias adyacentes que Hipatia también se encargaba de mantener en buenas condiciones.

—Buenas noches, doctor Wang —saludó al cruzarse con él en la galería mientras comenzaba un baile entre ambos para decidir quién pasaba primero.

El doctor Wang era hombre de pocas palabras, pero siempre inclinaba la cabeza a su encuentro con una expresión jovial y sonriente en su rostro.

La estancia estaba impoluta, con todo el material perfectamente en orden y el equipamiento limpio y calibrado. Aprovechó para hacer inventario y revisar los aparatos, pero no había llegado todavía el último pedido de recambios así que no pudo reparar aquellos que estaban averiados.

Ya solo quedaban pendientes en la lista las labores de limpieza. Solía empezar por los urinarios, pero siempre que intentaba entrar a desinfectarlos encontraba allí encerrada a la comandante Leavitt y no podía. Lo dejó para más tarde; se dirigió a la salida atravesando de nuevo la sala de control principal para encargarse del exterior.

[ «…se podrí#~a ha–/ber pr3dich0»infogr4afía…. ob¬serv#torio orbit#l Hipatia… telescopio en órbit#… 0#///04//// 2078… Dra. Hersc%&?… W%(ang, Cmdt)&{ LeavittD E.. Psarcfago dDdeeEE est… estre****… estrellas]

Hipatia abrió la esclusa y se deslizó flotando suavemente hacia el vacío acogedor. Un cable de seguridad la mantenía unida a la estación orbital. De asidero en asidero, se desplazó hasta los delicados paneles solares que se desplegaban como los élitros de una libélula a ambos lados de módulo principal. Advirtió algo diferente en ellos esta vez. El reflejo. La luz procedente de la Tierra los barnizaba con un fulgor inusual.

Se volvió lentamente.

Sobre el disco terráqueo centelleaban miríadas de fragmentos de cometa de todos los tamaños imaginables al prenderse en su incursión atmosférica. Y cerca, tan cerca que besaba ya el horizonte, un asteroide casi del tamaño de la Luna se dirigía raudo hacia Europa.

Entonces lo entendió; el silencio, la soledad y lo único para lo que no estaba programada: la muerte. Ni la suya. Ni la de la de una humanidad que ya no la necesitaría.

Echó una última mirada al interior del observatorio a través de la claraboya que ya nadie repararía.

Se despidió después de la Tierra.

Desenganchó el cable que la unía a la estación.

Se impulsó con fuerza apoyándose en el fuselaje.

Y comenzó un viaje de miles de millones de años a la deriva en dirección a los confines del universo.

Llevaba como único equipaje una placa dorada:

Propiedad de la ESA

HIPAT-IA Androide ID: XX-0014-CIV

Última revisión: 29/03/2078

1 response to "Hipatia – Relato corto"

  1. By: Pedro Posted: Mayo 6, 2018

    Me a sorprendido gratamente el el relato. Tienes buena mano. El final es bueno . Felicidades por el 😊👏👏

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