Propósitos

Dos veces al año me pregunto qué tiene de especial dar otra vuelta alrededor del sol: la primera es el uno de enero, la segunda por mi cumpleaños, en mayo. Mi respuesta suele ser que lo único que nos hace especiales es el hecho de poder continuar observando el universo. Y es que cualquier visión, desde una perspectiva cósmica, se vuelve insignificante.

Sin embargo, estoy encadenada a mi condición humana y no puedo evitar plantearme nuevos propósitos: este es el primero. Precisamente por mi condición humana, tampoco prometo que vaya a cumplirlo.

Desde que la ciencia ficción volvió a mi vida allá por estas fechas hace un año, he echado de menos lugares donde se valoren todas las dimensiones que definen al género. Para mí (y es una opinión muy personal) esas dimensiones son la ciencia, la filosofía y la oportunidad de reflexión acerca de nuestra especie y nuestro progreso. Considerada, por lo general, literatura de segunda, creo que es precisamente la que dispone de más herramientas para la autocrítica, anclarnos a nuestro pasado o proyectarnos hacia el futuro. Esto último en concreto, es lo que más apasionante me resulta.

La ciencia ficción es ese género donde todo tiene cabida y todos tienen oportunidades, donde el mundo puede ser como nosotros queramos que sea. A veces terrorífico para llamar nuestra atención, otras veces conmovedor para darnos esperanza, puede que alucinante para enseñarnos todo aquello que no habíamos sido capaces de imaginar por nosotros mismos. Hay tantas visiones como posibilidades.

Invito a todo el que no se haya sumergido en estos mundos a que lo haga, porque en la mayor parte de los casos no existen, pero su encanto reside en que podrían llegar a existir. Cada poco me sorprendo de algún descubrimiento —científico o no— que supera con creces todas las expectativas de nuestra imaginación. Nuestra vida cotidiana es una sucesión de elementos que podrían ser diferentes, que querríamos que fueran diferentes y que deberíamos conseguir que fueran diferentes. No, la ciencia ficción no es literatura de segunda, es el género que puede cambiar las cosas.

Ese es mi propósito de este año.